Fecha heroica. Caída de Boquerón.

Hoy recordamos, con dolor y admiración también, los 86 años de la Gesta Heroica.
LA CAÍDA DE BOQUERÓN


Es un honor recordar esta fecha con los escritos del historiador chuquisaqueño Roberto Querejazu Calvo, que participó en la contienda chaqueña y que es autor del reputado libro MASAMACLAY, que en guaraní significa “GUERRA ENTRE HERMANOS”, describe así los últimos minutos de la caída de Boquerón: “El teniente coronel José Carlos Fernández, comandante de la Primera División paraguaya, ordenó que se hiciese formar a las fuerzas bolivianas en la plazoleta del fortín. Sus oficiales obedecieron, pero extrañados de la escasez de efectivo boliviano, preguntaron una y otra vez: ¿Dónde están los demás? No podían creer que toda la guarnición del fortín eran esos pocos espectros, encorvados y famélicos. “La entrada victoriosa de nuestras tropas en el histórico Boquerón –ha comentado el entonces mayor paraguayo Antonio Gonzales- fue empañada por la vista de la espantosa tragedia que envolvía a los defensores: 20 oficiales y 220 soldados en el último extremo de miseria humana… Por todas partes armamento, equipo, cadáveres y escombros. En un galpón oscuro, cubiertos de harapos, mugre, sangre, estiércol y gusanos, se revolcaban más de 100 moribundos, sin curación, sin vendas y sin agua”. Añade Heriberto Florentín, otro oficial paraguayo: “Era una masa pululante de cuerpos lacerados, en lúgubre promiscuidad con cadáveres putrefactos cubiertos a medias por mantas desgarradas y embadurnadas de sangre y excrementos pestíferos”.

Este mismo oficial, refiriéndose a otros puntos del reducto dice: “En el campo que pega contra el camino a Valencia, el sector más castigado de la ofensiva paraguaya, yacían dispersos numerosos cadáveres insepultos, algunos de ellos hinchados descomunalmente, terminaban por explotar estrepitosamente y por lo general en altas horas de la noche, como si quisieran ocultar de la luz del sol el siniestro desparramo de su podrida entraña. En cambio otros, achicharrados por el calor solar, iban reduciéndose a la mínima expresión de cuerpos momificados”.

“El mayor Arturo Bray…anunció a las 7.40 en el puesto de mando de Estigarribia: “Presentó al teniente coronel Marzana”. El teniente coronel Estigarribia se puso de pie y extendió la mano a su adversario. El auditor de guerra del ejército paraguayo, doctor Horacio Fernández, ha descrito el encuentro con estas palabras: “El reducido número de oficiales presentes estaba en profundo silencio. Nadie se movía. La respiración contenida de todos, la presencia del jefe de las fuerzas bolivianas, la evocación de todo el drama sangriento… el final imprevisto de la carnicería humana que tantos horrores nos había hecho sentir, los disparos que aún a lo lejos se escuchaban, todo ello llenaba el ambiente de una solemnidad y una angustia infinita… El teniente coronel Marzana con traje kaki, botas de charol usadas, gorra y portapliegos, permanece de pie, mesa de por medio, frente al teniente coronel Estigarribia. La barba crecida, la expresión agradable, un ligerísimo temblor agitaba su labio inferior, su pierna izquierda ligeramente recogida se movía denotando la lucha gigantesca de sus nervios en tensión. Todo estaba consumado. Marzana pidió garantías para su gente y Estigarribia le aseguró que las tenía, además de atención médica inmediata para los heridos.

El teniente coronel Marzana y sus hombres fueron conducidos a Asunción. El presidente Ayala al referirse en un discurso al triunfo paraguayo, tributó noble homenaje a los vencidos: “Los oficiales y soldados bolivianos que se batieron en Boquerón y son nuestros prisioneros… se comportaron con tal bravura y coraje, que merecen todo nuestro respeto…”

El fortin de Boquerón cayó el 29 de septiembre de 1932, luego de un asedio paraguayo de 22 días en medio de un clima infernal, con temperaturas diarias de más de 40º. Después de la toma de Boqueron por los paraguayos, los 240 soldados bolivianos sobrevivientes fueron conducidos a un campo de prisioneros.

¿Cómo fue su llegada a Asunción?

A continuación el relato del My. Alberto Taborga: “Rutilantes luces que se reflejan en las quietas hondas del Río Paraguay, dibujan las formas de una ciudad desparramada en anfiteatro. La cañonera “HUMAYTA” entra en la capital asunceña. Lleva a bordo a los prisioneros de Boquerón. Abigarrada muchedumbre aguarda en los muelles. Furia y odio provocan los que, en veintidos días de lucha, colmaron los hospitales y cementerios del Paraguay.

Marzana, una docena de oficiales y doscientos soldados, desembarcan en tierra; pero son espectros, no seres humanos, cadáveres que pugnan por mantenerse en pie. Las camisas hechas girones, los pantalones encogidos hasta el ridículo… ¡ridículo magnífico!

La multitud dispuesta al ultraje vacila… En instantes cambia la faz de su cólera… Grueso velo de lágrimas empaña las pupilas de hombres y mujeres… Los prisioneros de Bolivia son despojos humanos a los que nadie haría daño. El pueblo paraguayo conmovido no lanza un reproche. El estupor y la consternación estrujan las gargantas…

Un “mitaí” descubre a nuestro jefe en la barahúnda y exclama: “¡Bravo Marzana!” Es lo imprevisto. La multitud rompe filas… Unos ofrecen agua y cigarrillos, otros “chipas”. Las mujeres preguntan por nuestras madres, quieren saber si tenemos hijos… Abatidos, maltrechos, malheridos, no atinamos a pronunciar palabra. ¡Dormir, dormir..! es lo que ansiamos. Dios quiera que podamos dormir, por siempre una eternidad…”

¡HONOR Y GLORIA A NUESTROS HERÓICOS SOLDADOS BOLIVIANOS!

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