Tarija: el comercio y los oficios que se reinventan

Ya estamos en el segundo mes de cuarentena estirando una economía que más parece romperse que resistir. Hay quienes pueden estar en casa las 24 horas,  pero hay muchas otras personas que se han visto en la necesidad de caminar cientos de kilómetros dándose modos de ofertar sus productos.

Hoy varios oficios se reinventan y con la ayuda de la tradición oral logran difundir sus ofertas. Es el caso de don Rubén Romero, quien en la medida de sus posibilidades recorre los barrios ofreciendo fruta a domicilio. Armado de un acoplado y una vieja bicicleta madruga a diario en el afán de vender papaya, plátano y pomelo.

También se ha dado maneras para que su fotografía con su número de celular circulen por algunos grupos vecinales de whatsapp, esto le ha valido de mucho, pues ha podido reunir algunos pedidos. Otro caso lo representa la familia Carrillo que se ha dado maneras para vender abono vegetal a quince bolivianos la bolsita.

Más aún, estos no son los únicos oficios. Beatriz y sus cinco hermanas venden leche de vaca puerta a puerta, turnándose los días en los que la terminación de sus cédulas de identidad les permite salir. “Nosotras vivimos de vender la leche. Antes nos íbamos en micro al mercado Campesino, pero ahora tenemos nomas que caminar”, asegura Beatriz.

Para tal tarea han improvisado un pequeño carrito con una caja de uva, a la que le han puesto ruedas y un mango de madera para jalarla. “Hay que darse modos, cada una tenemos dos a tres hijos, los chicos tienen que comer”, dice.

Pero en este listado también están mujeres como Margarita, que han invertido su tiempo libre en hacer tortas y entregarlas sin romper la cuarentena.

Parada en la puerta de una vecina con su torta en mano, barbijo y guantes, recita sus variedades y de inmediato entrega en un papelito escrito con lápiz su número de celular. “Cuando quiera otra tortita me escribe por favor”, dice insistentemente.

Más allá, en la puerta de su casa del barrio San Luis una vecina vende anchi, “hecho por mi madrecita” dice con orgullo. Lo ofrece también por whatsapp y anota sus pedidos.

El Pais