La quina es un árbol de gran altura y anchas hojas que se encuentra en la selva lluviosa de la Amazonia. Su corteza posee muchas cualidades medicinales, al igual que otras especies del género Cinchona, y fue usada ampliamente contra la malaria, la fiebre amarilla y enfermedades virales relacionadas con la gripe. Ahora, los indígenas de la Tierra Comunitaria de Origen (TCO) San José de Uchupiamonas, en el norte de La Paz, buscan recuperar los saberes tradicionales para usar las propiedades de esa planta en un intento por protegerse ante la amenaza del coronavirus.
Álex Villca Limaco, indígena con estudios de posgrado en ecoturismo comunitario y portavoz de la Coordinadora Nacional de Defensa de los Territorios Indígenas y Áreas Protegidas (Contiocap), cuenta que la cuarentena para prevenir el contagio de la enfermedad se toma en serio en la zona. Las autoridades comunitarias controlan el ingreso y salida de las familias. Hay un control estricto también a la gente que sale a aprovisionarse. Los que retornan (desde otras regiones al pueblo) tienen que presentar certificación sanitaria de que no tienen síntomas de coronavirus y los que no pueden conseguirlo tienen que aislarse 15 días. Esos certificados se pueden obtener en San Buenaventura o Rurrenabaque, municipios cercanos.
Otra medida es la conformación de una comisión para el aprovisionamiento, porque no todos pueden salir. A estas restricciones se suman todas las contenidas en el Decreto 4200, de marzo pasado, con disposiciones nacionales para prevenir el contagio del COVID-19.
“No hay incumplimiento de las familias, están apoyando estas medidas porque en el caso de que surja un caso positivo de coronavirus en los pueblos indígenas, es casi imposible tener asistencia especializada, por eso solo podemos hacer cumplimiento estricto de las medidas del Gobierno y de las medidas de nuestras autoridades”.
Pero también piden ayuda y consejo de los ancianos sobre el uso de las plantas medicinales, sobre todo de las hojas de quina (que se producen en las partes más altas), ya usadas antes contra un buen número de enfermedades. Otras plantas en las que se pone interés son la ebanta (corteza), la guayaba, maga silvestre y el matico, usadas desde siempre contra las enfermedades relacionadas con la gripe.
Villca señala que la ebanta tiene muchas propiedades y cura desde infecciones estomacales hasta intoxicación, más si se combina con cáscara de maga silvestre y matico, preparado que puede curar enfermedades virales como la gripe. Se combinan al igual que la medicina occidental combina medicamentos. Los ancianos transmiten sus conocimientos sobre las cantidades adecuadas, dosis para adultos y niños, o qué parte de la planta es la más adecuada según el tipo de dolencia.
“La pandemia nos encuentra un poco desprevenidos y nos hace dar cuenta de que la sabiduría ancestral se está perdiendo. Por eso consultamos con los adultos mayores para que la enfermedad no nos encuentre sin capacidad de reacción. Eso está haciendo repensar a los jóvenes, hemos perdido esa sabiduría y hemos optado por el conocimiento occidental para resolver nuestras afecciones. (…) Si perdemos los conocimientos ancestrales, vamos a ser más vulnerables a enfermedades que ni la ciencia occidental no puede vencer”.
En 2016, la científica boliviana Carla Maldonado descubrió una nueva especie de Cinchona, planta medicinal para el tratamiento de la malaria, de donde proviene la corteza de quina, y fue colectada dentro del parque Madidi y en el Chapare. El descubrimiento fue parte de su tesis doctoral.
“No cabe duda de que la selva tropical lluviosa probablemente sea la mejor farmacia natural que la humanidad pueda tener para afrontar numerosas enfermedades, aún las desconocidas, y por ello debemos cuidarla y protegerla”, asegura Villca, quien se hizo ampliamente conocido por su férrea defensa del territorio indígena ante el proyecto de construir las represas El Bala y Chepete, en el Gobierno de Evo Morales.
En otras regiones, los pueblos indígenas han tomado precauciones y acatan la cuarentena, según el Centro de Estudios Jurídicos e Investigación Social (CEJIS). Las organizaciones indígenas de tierras bajas de la Amazonía sur, la Chiquitania y el Chaco determinaron evitar el evitar el ingreso y salida de personas a sus comunidades, hacer seguimiento médico a quienes llegaron de las ciudades y delegar a una persona o comisión el abastecimiento de víveres para las comunidades. Todas las decisiones fueron asumidas de acuerdo a sus sistemas organizativos.
En Charagua Iyambae (Santa Cruz), el primer gobierno autónomo indígena de Bolivia, el legislador Ademar Flores informó que en esa región se asumieron medidas debido a que muchas personas se dirigen hacia las comunidades indígenas “como una forma de escapar” de la pandemia.
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